El collage es una práctica de reescritura y desplazamiento de imágenes. Las fotografías no funcionan aquí como documentos que certifican, sino como materiales que pueden tomarse y transformarse.
Se trabaja con imágenes preexistentes —archivos personales, fotografías de prensa, restos de internet— para liberar su sentido original. Al cortar, mezclar y reorganizar las imágenes, emergen nuevas narraciones y se cuestiona la autoridad de la imagen.
El collage cruza memoria y ficción, convirtiendo en pregunta qué cuenta una imagen —y quién decide ese relato—. No se busca un resultado cerrado, sino desestabilizar el uso de la imagen: el significado no es fijo, sino algo que se construye.